jueves, 3 de febrero de 2022

PASAJEROS DEL CAMINO

 

 PASAJEROS DEL CAMINO

No me esforzaré más en el afán de comprender ¿por qué hay? Podría no haber; sin embargo, hay. Acaso ¿hay efecto sin causa? ¿Por qué sucede lo imposible?

La vida es un tren que abordo cuando nazco o desde que fui concebido y en algún punto del trayecto me bajaré. El tren sigue su ruta, subiendo y bajando pasajeros. 

¿De dónde viene y a dónde va? Viene quizá de los trobolitos y llega a complicarse tanto en el sistema sociedad humana.  Es indiscutible que la materia orgánica es más compleja que la mineral, la vida es más compleja que la muerte.

Las rocas son más simples que los nematelmintos, los helechos más simples que el caracol, un hongo más sencillo que una boa, un pingüino más simple que un gorila.

La cumbre de la complejidad de la evolución de la vida es el hombre y más complicada aún es la sociedad humana en su conjunto.

Creo que no hay camino, sino que hacemos camino al andar, yo hubiera querido entender con claridad absoluta, no me quedó otra que sospechar, intuir, conjeturar, deducir, imaginar y sobre todo caminar.

El tren se detendrá en mi destino, ahí descenderé para siempre, aunque me quisiera quedar de polizón escondido un tiempo más.  

 

INDIVIDUALIDAD

 

INDIVIDUALIDAD

Como tú son todos, casi iguales, nunca exactos, ni a ti ni a nadie; somos parecidos, pero cada quien tiene una inviolable individualidad reservada en lo más secreto de la intimidad.

TIMIDEZ

 

TIMIDEZ

Me asusta la gente tanto como los lobos o los murciélagos, cuando se aproxima alguien se me paran los pelos de punta, una fuerza casi incontenible me aconseja ocultarme, huir de inmediato.

 Su presencia me altera, me inquieta, me intranquiliza. Una simple sombra que se mueva me espanta, una voz silenciosa me aterra, un grito me mata.   

 

jueves, 16 de diciembre de 2021

EL VIAJE FINAL

 

EL VIAJE FINAL

Ya no sé qué soy, era algo hace tiempo, ahora busco encontrar algún vestigio de lo que fui, supongo que alguien; creo que tuve recuerdos, los que guardé despreocupadamente en algún secreto sitio, que después sepulté en el olvido.

Todas mis memorias anegadas en el pantanoso pasado, se van sumergiendo en el anonimato de lo para siempre ido.

Nada ha quedado en pie, una a una se han derrumbado las columnas que sostenían erguida mi existencia, que resultó ser tan efímera, como las hojas cayendo en el otoño.

La materia inerte y dura permanecerá, bloques de piedra y metal seguirán inmóviles y silenciosos a través de los siglos, un viento nuevo soplará entre los árboles, silbando su melancolía, yo no habré estado más  entre ustedes, ráfagas de vida como eco quedarán resonando la resaca.

Ningún secreto me llevo, todo está abierto al escrutinio de los dioses y a la indiferencia de los hombres.

Me despido con la misma voluntad con que llegué, con idéntica ignorancia, impotencia y solemnidad. Un mucho mejor de lo que llegué.   

lunes, 6 de diciembre de 2021

EL UNIVERSO

EL UNIVERSO

Me gustaría creer en dios, yo rezo porque exista, no habría mayor dicha que ésa, rezarle, pedirle, agradecerle, amarle y respetarle; también admirarle, sentir que no estamos abandonados, arrojados al mundo sin propósito ni razón.

Un dios justo y bondadoso, compasivo y comprensivo, generoso, espléndido y amable, qué grandioso sería. Cómo me complacería bendecirlo y recibir su bendición.

Con la vida he tenido para darme cuenta de mis gigantescos e inmensos límites, casi nada soy, casi nada somos, ante las astronómicas dimensiones del cosmos.

Por mucho que estudiemos las medidas y los componentes del Universo,  por mucho que lleguemos a conocer con exactitud su estructura sistémica; aunque sepamos cómo se originó la materia y la fecha exacta de su nacimiento; no obstante constatar la existencia de la materia oscura y los hoyos negros; a pesar de haber visto nebulosas y contar millones de galaxias con sofisticados instrumentos astronómicos y telescopios orbitales; aunque a ciencia cierta hemos explorado los núcleos atómicos y descubierto partículas elementales, donde solo la física cuántica opera, sin intervención del tiempo ni de la materia.

No por todo ello, el Universo deja de provocar en nuestro ser, perplejidad y asombro con su grandeza y misterio.   

 

EL MARTIR

EL MARTIR

Su defecto era que pensaba siempre en los demás, nunca entendió, por más que se lo advirtieron, pero era como Diógenes en cuanto desprendido y asceta; a pesar de los reveses insistía: los otros son primero, los demás son antes.

Por eso nada poseía, siempre andaba en la más espantosa miseria, era un muerto de hambre, así se quedó, porque para él, los demás van primero, era el más generoso de los hombres y no lo hacía por ganar ni aplausos y menos el cielo; no, ya nada tenía para repartir, se había quedado desnudo.

Permitió que lo robaran, lo despreciaran, lo vejaran, lo insultaran, lo abofetearan y hasta lo empujaran hacer las más denigrantes perversiones.

Renunció a su dignidad con tal de satisfacer los apetitos del prójimo, los deseos ajenos, entregó todo lo que era, de él no quedaban más que cartílagos palpitando, pegados al esqueleto.

El día que fueron por él, lo encontraron tirado en un basurero, dormía profundamente, lo tomaron por el cuello, lo ataron en lo alto de un tapanco y empezaron las pedradas, miren como lo han dejado.    

jueves, 18 de noviembre de 2021

EL TEMEROSO

 

EL TEMEROSO

Todo le daba miedo: el sueño, el despertar, levantarse de la cama, la gente, los coches, los narcos, la radio, la televisión, los programas, las noticias, su familia, sus amistades, sus enemigos, los recuerdos, sus pensamientos, sus presentimientos, la pandemia, los soldados, la policía, las enfermeras, los doctores, los bomberos, los albañiles, hasta los días de campo le daban miedo.

Respirar le daba cierto temor, el miedo no lo dejaba ni de noche ni de día, temblaba, sentía escalofríos frecuentes, tartamudeaba, se agitaba desconsolado, la ansiedad lo invadía.

Mucho miedo le daba la mañana, sentía miedo por el después, el ruido lo espantaba, el silencio lo aterrorizaba, las sombras lo ponían tenso, la noche lo horrorizaba.

La propia vida le daba mucho miedo, lo mismo ocurría con las enfermedades y los dolores, algo de lo que más temor le provocaba era dios, a quien relacionaba con la muerte, entonces daba alaridos de desesperación.

Le daban miedo los perros, las ratas, las arañas, las serpientes, el diablo, los vampiros y en general las bestias, especialmente las hienas y los mandriles.

Le daba miedo perder sus posesiones, empezó a preocuparse por su ropa, sus cosas, su casa, sus vehículos, sus dispositivos electrónicos, sus herramientas, sus armas y especialmente su dinero.

Sentía pavor al no encontrar su cartera, sus llaves, sus tarjetas, su honor, su prestigio, sus relaciones. Temía extraviar sus documentos, sus identificaciones, sus títulos académicos. Estaba muy apegado a sus pertenencias, en ellas depositaba su confianza.

Cuando adquiría algún bien, lo escondía con celo exagerado en el rincón más protegido de la casa, constantemente acariciaba a sus fetiches, los observaba con amor, gratitud, lágrimas y un enfermizo deleite.

Él era sus cosas, éstas existían para él y él para sus cosas, el destino suyo era custodiarlas con vehemencia permanente.

Todo estaba en orden, bien resguardado, el día que perdió la vida.