martes, 30 de abril de 2019

DECREPITUD


DECREPITUD

-¿Cómo frenar el tiempo? - Se preguntaba  al ver su reflejo en aquel viejo espejo, - Cómo borrar esas arrugas, esos pliegues colgantes que la fuerza de la gravedad evidenciaba y le afeaban el rostro, antes tan lozano y fresco.
Se embadurnaba de maquillaje las ojeras, se pintaba los párpados de ocre para ver si así podía disimular los años que se lo habían comido, por todos lados la vejez asomaba, patas de gallo, de mula y líneas marcadas en sus labios, delataban los estragos de su antigüedad, ni hablar del cuello que parecía una catarata de piel colapsada.
Mentía cuando le preguntaban su edad, falseaba su nacimiento que había ocurrido ha muchos inviernos, falsificó sus actas, recurrió a todo tipo de recetas para prolongar su lejana juventud, ida en el siglo pasado, probó todas las pócimas recomendadas por los esteticistas, bebió brebajes hechizados por las brujas más famosas del oriente, se sometió a las más espeluznantes cirugías plásticas, tomó medicamentos prohibidos, recurrió a la alquimia, consultó a los adivinos, se presentó en el Vaticano, hizo todo posible por sobrevivir, se hacia el sano cuando estaba solo,  en cuanto veía una víctima, empezaban sus quejumbres; cronos continuaba dejando su impronta en aquel esqueleto viviente.
repleto de dolores, visitó médicos de todos los continentes y ramas; intentó todas las dietas, guardó reposo suficiente para recuperar la energía perdida, hasta  dejó de lamentarse de sus rígidas articulaciones, ahora ya no podía levantarse, quedó como petrificado en su lecho de siempre, en una noche de otoño.
Todo fue inútil, al fin murió, descanse en paz.

jueves, 18 de octubre de 2018

¿POR QUÉ?


¿POR QUÉ?
¿Por qué? Cuando estoy derrotado vienes a consolarme, me ves enfermo me alivias,  me ves sediento me das de beber,  estoy seco me refrescas, he estado hambriento me has alimentado, si estoy derrotado te acercas a solidarizarte conmigo, si estoy triste me alegras, cuando ando deprimido me animas.
Pero cuando estoy feliz, sano y contento, me evades; te vas si me ves alegre, huyes si estoy bailando, desapareces si estoy cantando, te enojas si soy dichoso, te enfadas si estoy de júbilo extasiado, te disculpas si me ves reír y te vas…
¿Por qué solo te acercas si me ves llorando, por qué son mis dolores los que te atraen, por qué mis congojas te llaman y entonces me besas, por qué mis lágrimas endulzan tu rostro?
Te gusta extenderme la mano y sacarme del hoyo, te place extraerme del lodo ¿Qué éxtasis extraño te produce mi angustia, qué rara pasión se despierta en ti al sentirme desesperado?
Te deleitas con mis penas, te regodeas de mis vergüenzas, te solazas con mis penurias, dime ¿Por qué? 


OBRERO


OBRERO
Quieren aceptar y aprobar solo personas exactas como un ladrillo más en la pared, para eso la sociedad industrial post moderna ha diseñado los huecos precisos y quien no quepa, se queda afuera.
Los hombres deben modelarse conforma la fábrica o el mercado lo demanden, ni más ni menos, mientras más exacto y preciso, mejor.
Debes encajar en estos puestos que te ofrece el mercado de trabajo, ahí te mantendrás enajenado, alejado de tu esencia indómita, castrado como un eunuco; alienado si es posible, mejor; para que ni siquiera rebuznes, ni te quejes ni protestes y nunca te rebeles; solo así serás “feliz”.
Tendrás un horario estricto, desde la guardería donde te depositarán tus padres, dormirás, comerás a tus horas, siempre con puntualidad inequívoca a los minutos dictados por las manecillas de la compañía donde serás esclavo de por vida.
¡Ay! De ti, si osas trasgredir las reglas de la sociedad industrial y de mercado, ¡Ay! De ti, si te atreves a salirte de la horma que el sistema dispuso para trabajadores como tú.
La industria es cruel, desalmada, insensible, está violando constantemente tu libertad, ¡Ay de ti! si no te ajustas, la pagarás muy caro. Luego, cuando ya estés viejo y no sirvas para maldita la cosa, serás desechado como fierro viejo, quizá te den las gracias, pero tú acostumbrado a la servidumbre, no sabrás que hacer con tu libertad, no podrás decidir qué hacer con tu tiempo libre, la inercia de tu sometimiento te hará anhelar las cadenas y los grilletes virtuales que durante tantos años te tuvieron alienado. Enfermarás con el peso de la nostalgia por el látigo del capataz y al final morirás sin haber vivido.
La inmensa mayoría de los hombres que pululan en el mundo son fieles, están sometidos incondicionalmente a un régimen de vida que los enajena, no tienen criterio propio e independiente, son una mancha más en el muro de la decadente sociedad de estos tiempos.
Si alguien se aparta, se desbalaga, lo señalan e intentan incorporarlo al rebaño; no aceptan más que dóciles y serviles trabajadores, resignados a los dictados del jefe como la tropa a su sargento.
Quien deserta, quien escapa, se le considera demente, un loco que amerita manicomio o merecedor de cárcel; aquel que no acepta las normas convencionales, aquel que se excluye de cumplir con la sumisión implícita en el sistema económico social imperante, será estigmatizado con la tacha de loco.
La sociedad quiere borregos, robots programados para callar, producir, consumir, sin nunca preguntar nada.
¡Ay! De aquel que se atreva a dudar de la buena marcha del sistema.      

NOÏA OTSUAF


NOÏA OTSUAF

Muerto de miedo, se escondía detrás de alacenas, tanques, bloques y donde podía; procuraba no hacer sombra ni ruido alguno, parecía suspendido, como flotando en una espuma verdosa.
Luego se agachaba entre la hierba, se perdía entre las matas, se soslayaba tras los frondosos árboles de aquellos milenarios bosques llenos de leyenda y misterio.
Lo veía venir de lejos y entonces entraba en paranoia, se tenía que tapar la boca con las dos manos para no oír sus alaridos de pavor y así arrastrándose huía hacia el interior de aquel paraíso fantasmal.
Se sentía acosado, sabía que lo espiaba aquel diabólico ser que le prometió el infierno, se consideraba la presa de aquel furtivo cazador de almas.
Lo husmeaba, seguía su rastro, por más indeleble que fuera, tenía un olfato de lobo. ¿Cómo enfrentarlo desarmado? Lo único que le salvaba era escapar, ya no había donde ocultarse, pero cada vez se acortaba la distancia y ahora a mayor velocidad, todo por haberle vendido su alma; pero hoy ya están a unos pasos, pronto estarán frente a frente.

 

INGRATA.


 INGRATA.
Así te debieron haber puesto por nombre, ingrata, si todavía no dejas de hacerme sufrir con tus desprecios, como un mártir irredento del amor…. Me escatimas hasta el saludo, a duras penas te das cuenta de mi existencia; en cambio con cualquier barbaján te empinas y a morder almohada se ha dicho…
Te sigo todas las tardes hasta ver cómo te metes en hoteluchos de mala muerte, bajas de los automóviles trastabillando no sé si ebria de amor o de alcohol, otras veces te tropiezas de la prisa que traes por caer rendida en algún colchón, donde te esclavizas de placer con cualquier gañán; prefieres leñadores, gente ruda, ahí te revuelcas en piruetas descomunales, casi indescriptibles,  tus gritos y tus gemidos se oyen hasta la esquina; mientras yo rebuzno de celos, no me engaño.
Sales sudorosa y embarrada de placer, con los labios torcidos y la mirada perdida, para luego regresar a regodearte con el primero que se te  ponga enfrente, ¡menos conmigo! Tu indiferencia es mi tormento, yo también existo, merezco aunque sea una mirada, pero me la niegas ¡Ingrata!
Cada vez que cierras la puerta del cuarto donde te entregas completa, yo aúllo en silencio de dolor, los celos cubren todos los rincones de mi alma, lo peor es cuando oigo o no sé si solo imagino, tus eróticos lamentos cuando se te saltan los ojos boca abajo y con todas tus fuerzas muerdes la almohada.    ¡Duro y duro, no paras…..ya es mucho!  Hasta rezo un ave María cuando ya vienes de regreso, ¡de bajada…chata!
A veces a empujones, tus galanes, te sacan de los antros, otras te veo tirada en algún callejón, llena de moretones, con las arracadas desplumadas, despeinada, corrido el rímel, llorosa la vista y todavía emitiendo quejidos de lujuria.
Habías mordido almohada todo el santo día, ¡ninfómana! mientras que a mí, ni una mirada me dispensabas, ¡ingrata!
Pero me gusta latiguearme, me convencí que soy inmensamente masoquista; en lugar de mandarte al diablo en un olvido programado, me entretengo imaginándote cometiendo los más desgarradores actos de perversión como los que me platican esos lenones, que no solo te zarandean de las greñas y patean tus costados, sino que además te llenan de sus inmundas excresencias.
Luego tengo que ir a rescatarte de esos nauseabundos tugurios donde amaneces echada de bruces, todavía con las plumas de la almohada entre  los dientes, ¡Perra! Así te saco, unas veces a rastras, otras en vilo, para llevarte donde restauro tus heridas y curo tus chipotes, lo hago con el mayor de los cuidados, para no provocarte dolor ni molestias de ninguna especie.
Finalmente despiertas cuando lamo tus yagas con un algodón mojado en agua oxigenada y entonces ruges improperios contra mí,.. ¡Déjame! – me gritas, dándome de bofetadas, a veces me escupes, de tus labios no salen más que lebras que yo cacho, insultos que yo capturo, maldiciones que interpreto para adjudicarme como blanco de tu rabia; pero luego desvías tu atención y dices: - a ti no te digo, ¡pedazo de excremento! Yo callo y tú sales vistiéndote en el camino, con el bolso en el hombro, las pantaletas mojadas a media asta y los tacones de tus zapatos inclinándose a tu paso. – ¡Hazte a un lado! – me gritas y te veo salir, lista para emprender una nueva batalla en tu cadena de aventuras cariñosas. 
Me gusta recogerte después de una refriega de las que acostumbras dosificarte los fines de semana, a veces son orgías tumultuarias, ocho o nueve sementales en una noche  ¡qué te duran! Ingrata y aun así no te sacias ¡Culebra!-
Hay veces que me traigo una camilla, en ella te deposito desvanecida  con el mayor de los cariños, por tus piernas todavía escurren ríos de semen de negros, mulatos, latinos, chinos y europeos. Te llevo con dulzura vasos de astringosol para que hagas  gárgaras, pero me lo vomitas en la cara diciendo: - ¡Largo de aquí! –
Cuando me aproximo para besarte, me das la espalda; entonces te ofrezco un garrote, un azote o un alambre, esperando descargues en mí una buena andanada de golpes para que desquites tu coraje y tristemente, solo recibo de ti un gesto de desprecio que me deja zarandeado, desconcertado e indeciso.
Me he disfrazado de todo lo imaginable, pero me descubres, siempre te das cuenta quien soy por mis temblores, pues cuando estás cerca de mí, el corazón me traiciona y empieza a repiquetear incesante, me sube la bilirrubina, cambia el color de mi rostro, mis ojos no dejan de llorar de emoción, se me traba la lengua y me siento desmayar; entonces me das con lo que traigas en la mano y allí quedo, como sapo embarrado en el suelo.
¿Qué me diste? ¿Qué embrujo se posesionó de mí? ¿Qué brebaje bebí, qué pócima me envenenó para seguir amándote...…? Tus desaires me están matando, no me muero ahora porque de seguro ni una sola vez te acordarás de mí, antes de dibujarme ya me has borrado ¡Ingrata!
  

LA BOCA


LA  BOCA
Se acabaron las conversaciones, se terminaron las pláticas y las tertulias donde se dialogaba, las amenas charlas pasaron al cementerio del pasado; se agotó el verbo y la lengua dejó de decir; todo lo borró la tecnología; el primer gruñido del hombre y el último suspiro de la mujer están ya sepultados bajo el polvo del olvido.
Las ondas electromagnéticas arribaron con el telégrafo, después el radio, la televisión y el teléfono fijo, pero el celular móvil vino a dar el último golpe de gracia a la palabra hablada de boca a boca.
Ya nadie escribe con pluma o lápiz en una hoja, todo se reduce a un teclado donde se oprimen botones insensibles que envían a distancias inconmensurables señales codificadas que anticipan pensamientos presupuestados; se cabo el susurro al oído, la caricia de las voces, el tono enamorado; hoy todo es estridencia magnética de sonidos muertos que resucitan con las conexiones casi impersonales de ruidos sin cables.
Las ondas atraviesan paredes y membranas, todo se reduce a vibraciones, a transformadores, condensadores, micrófonos, bocinas, audífonos, enchufes y electrones.
La boca perdió el habla, ahora solo mastica, chupa, lame, se encoge, se muerde la lengua, pero sobre todo, calla.

   


ORDENES DE DIOS



 ORDENES DE DIOS
Dejar ir a la locura, morir en ella, es mejor que agonizar lenta y dolorosamente en la cordura, tan altamente ponderada por todos.
Dónde hay más felicidad, ahí me anclo, con ella me voy como rémora, perdiendo la típica razón, me ausento en lo cuántico, donde no hay ni espacio ni tiempo, donde no existen los lugares ni las horas, donde todo está en todo.
Me pierdo en la muerte, porque la amo, porque yo soy la muerte misma; a nadie le gusta hablar de mí, les da miedo, tiemblan al imaginarme, se espantan tan solo al mencionar mi nombre; saben, no obstante que aunque me pospongan con amnesias tontas, caerán contagiados con mis mieles.
Tienen que empezar a quererme, pero si ni a la vida entienden, ¿cómo me van a entender a mí, a la muerte? No hay más muerte que yo, siempre he estado aquí, junto a ustedes, a su lado, muy junto, muy presente, no sé ausentarme.
Se aferran a la vida, a sus pertenencias, a sus comodidades, a sus existencias   acartonadas diseñadas en Hollywood.   
Me enloquecen las erupciones, los huracanes, los terremotos, las guerras, las revoluciones, las hambrunas, las sequías prolongadas, las epidemias, las plagas, pero sobre todo la vejez y sus enfermedades.
Soy enemiga de las medicinas, los hospitales y las enfermeras; no se diga ya de los médicos; solo tolero aquellos que practican la eutanasia. Me gustan los violentos, los broncos, los descuidados, los distraídos, los insolentes y los altaneros; también los delincuentes, los policías y los ladrones.
A quienes más admiro es a los suicidas, aquellos que se atreven a morir,  a ser también muerte, sin miedos; el horror hacia mí, es absurdo y nefasto; si ustedes supieran lo que soy, me anhelarían, sabrían lo que es dejar la carga del espacio y el tiempo, vagar en el vacío cuántico.
Allí desaparece el apego a esa realidad ficticia, que es la vida efímera, vida que no es mi enemiga, sino mi hermana gemela, mi otro yo, la vida; somos inseparables, sin ella no existo; lo que ella da, yo lo quito.
Son las órdenes de Dios