sábado, 7 de enero de 2017

YO SOY MI DOBLE

YO  SOY  MI  DOBLE

El doble cuántico que en los sueños vive, ahí en ese diminuto tiempo imperceptible que no capta la consciencia, por ser entre los instantes la frontera.  Ahí donde la razón no opera como en la vigilia en qué ahora estamos.  Entre cada intermitencia imperceptible ¿Cuánto dura de un momento a otro?  Los sucesos también acontecen en lo imperceptible, en donde no soy consciente, pero mi doble sí. 
Mi doble soy yo, ahí en lo inconsciente colectivo, donde los registros akasicos, donde el eco rebota entre los pilares del pasado.  Vibran de resonancia las cadenas genéticas, descarga de herencias, emergen los significados, hablan los símbolos, la historia transmite los hechos, los miedos, los temblores.
El pasado es sagrado, ¿cuánto no lo será el presente?  ¡Sobre todo el futuro!   Epigenética alegoría que nos tiene absortos.     Nos dirige la resonancia mórfica que hemos construido en nuestra historia, son campos mórficos, nuestro inconsciente colectivo junguiano, aunado a nuestra herencia genética, dos influencias determinantes en la vida del hombre. 
Acercar la herencia con la resonancia es conveniente y necesario, armonizarlas es benéfico.  Recomendable estrechar la unión entre tú y tu doble que habita ahí donde no puedes percibir.
Sí captas cuando sueñas profundamente, ahí estás en el centro del inconsciente colectivo, ahí perteneces tú, siendo tu propio yo.  Él, siempre sabe lo correcto, es perfecto, ahí no hay tiempo lineal, cuánticamente cronos pierde su valor y su peso; no hay separación entre antes, ahora y después.
Teoría de la causación formativa.      Rubert Shedrake, Jean Pierre Malet, Carl Jung.  

  

ZOMA

ZOMA

Pretendo quedarme un buen rato tranquilo, pero no me deja, no tarda en obligarme a rascarlo, le pica en partes inaccesibles desde esta postura, así que tengo que acomodarlo, para satisfacer plenamente su exigencia.
Luego quiere orinar, así que debo conducirlo al recipiente donde habrá que depositar su agüita amarilla con olor amoniacal; no pasa mucho tiempo cuando me ordena llevarle a evacuar sólidos, desechos del metabolismo y pues, tengo que obedecer sin pretextos su urgencia, para luego limpiarle y hacer que se lave las manos.
De pronto se incomoda por estar constipado y he de sonarlo hasta que respire con fluidez, es una demanda constante de flatos, bostezos, parpadeos, tragos de saliva, eventuales estornudos e hipos.
Después le da calor y me veo en la necesidad de desabotonarlo, bajar cierres y quitarle ropa para refrescarle, darle un sorbo de agua para que no se deshidrate. Luego puede sentir baja la temperatura y hay que cubrirle para que no se resfríe.
Si hay sol, lo cubro con un sombrero y le pongo crema en la piel, siempre tiene hambre, así que debo saciar sus antojos varias veces al día, lavarle los dientes después de cada alimento, requiere atención y cuidado permanente.
Lo más misterioso e intenso es cuando ya no aguanta, quiere, pide a gritos y hasta con alaridos amor, se pone en brama, husmea ese perfume femenino que lo enloquece, esa región que lo atrae con llamados irresistibles, esa boca carnosa que muerde los labios, esa dermis de aspecto marmoleo que le invita a besar con embeleso; esa obsesión le trae de cabeza, casi nunca puedo ayudarle, entonces se pone nervioso, me reclama con ciertas molestias, le gana el deseo, se vuelve indomable, como si una chispa encendiera la caldera del placer, se ciega, pierde la cordura, no se sacia con mis consejos, pide quedar satisfecho con todos los riesgos y consecuencias que esto pueda acarrear, inútil intentar sosegarlo, quiere carne, piel, aromas y jugos prohibidos, con olor a pecado y concupiscencia.
Luego se cansa y hay que darle reposo, le da sueño y tengo que acostarle para que duerma en su lecho, que cierre los ojos y se relaje. Ah! Pero lo más complicado es cuando el dolor lo invade, puede ser en los dientes, los oídos, el cuello, la espalda, el hombro, la rodilla, la cabeza, la muñeca y así me la llevo todo el día tratando de complacerle, pendiente de sus necesidades.
Se ensucia, suda, apesta, hay que bañarlo perfectamente con agua limpia y jabón por todos sus recovecos y protuberancias, cortarle las uñas, el pelo, las barbas y acicalarle todas sus imperfecciones para no asustar al prójimo.
Sacarlo a pasear es otra de sus exigencias, le gusta el aire libre, el contacto con el bosque, la selva, el desierto, el mar, la calle, los caminos, el sol, la noche, la luna, el sol y las estrellas.
Me encanta, porque a través de sus ojos veo, con sus músculos me muevo, con sus manos escribo, con su boca hablo, con sus orejas oigo, con sus pulmones respiro, con su cerebro pienso, con su corazón vivo.
Contemporizo con mi cuerpo, es mi asiento, mi lugar, ocupo con él un sitio en el universo,  es el vehículo en el que me desplazo, no me pesa cuidarlo con esmero.
Me gusta porque me hace sentir, amar, alegrarme a través de sus mágicos órganos acústicos, olfatorios, visuales, táctiles y saborizantes.
En el me animo, en realidad no sé si él soy yo, yo soy él, o somos el mismo.   


    

viernes, 14 de octubre de 2016

DISYUNTIVA INCÓMODA

DISYUNTIVA  INCÓMODA

El autoritario monarca caminaba hacia sus aposentos en aquel faraónico palacio después de otro arduo día para recuperar fuerza en su lecho. Por la mañana empezaba regañando a todos, les echaba en cara sus errores, maldecía sus defectos, los escupía, los golpeaba.
Siempre estaba refunfuñando, se solazaba en su mal humor constante, frecuentemente explotaba y todos corrían despavoridos, tenía un harem de concubinas que lo abominaban.
A su paso los guardias se cuadraban con respetuosa solemnidad, su majestad parecía un noble amargado por desconocidas razones de la vida, la pasaba gritando, insultando, sobajando y desairando a sus vasallos.
Heredero de una casta agria de mandar, había sembrado el odio durante todo su reinado, no había quien no temblara en su presencia, parecía no tener sentimientos, nunca se le vio tristeza en su serio semblante,  ni arrepentido de sus abusos, era un tirano, sus decisiones eran absolutas e inapelables, sus súbditos bajaban la vista en su presencia, ¡Ay! De aquel que se atreviera a contradecirle o a dudar de sus juicios, los castigos eran ejemplares.
-         ¿Por qué eres así con ellos?– le preguntó su hijita, conmigo eres dulce y bueno, me abrazas, me cargas, me besas, con nosotros eres amable y tierno.
-         Entonces el Rey la tomó en los brazos y le dijo: - Prefiero que me teman a que me falten al respeto, que me odien a que se burlen de mí; los años que he vivido y dominado el reino me han enseñado, cuando he bajado las cuerdas de la disciplina de inmediato se me han subido hasta la corona; tengo que tratarlos con despotismo, si no luego luego abusan de la confianza, así funcionan, así operan, así les gusta.
El buen trato, la clemencia, la comprensión y la deferencia les hacen excederse de manera automática, lo he comprobado y cada vez que lo he hecho, vuelven a caer en lo mismo. Tú sabes que soy de buen corazón, pero tengo que fingir ser un ogro para mantenerlos a raya.
-Padre, yo solo te ruego que conmigo nunca seas el rey-. Le dijo su hijita.


        

LA POLVAREDA

LA POLVAREDA

Aquella polvorienta región de eso estaba cargada, el polvo era arrastrado por el soplo de los vientos del desierto, para irse a incrustar en todos los rincones no solo de las viviendas sino dentro de sus cuerpos, cualquier orificio o hueco era bueno para depositarse, entraba en la nariz, en las orejas, en la boca y en los ojos; se les pegaba en los labios, en las encías, en la lengua y para colmo se les atoraba en la garganta.
Tolvanera tras tolvanera constante, una tras otra, los remolinos se desplazaban contorsionándose caprichosamente entre los cactus, alzando matorrales y todo lo que hubiera a las alturas, para luego dejarlo caer, encima de la llanura.
Las carretas en sus esporádicos traslados removían el polvo que tapizaba los suelos, al grado que cuando se detenían, una enorme y gris nube seguía avanzando muchos metros adelante y cuando partían dejaban un tumulto informe de tierra, que cubría por horas su ausencia.
Los habitantes de la zona se veían opacos, su piel rebosaba de ese talco pardo que de pies a cabeza los cubría; cuando  veían venir la tolvanera, corrían a sus escondrijos para guarecerse de aquellas tormentas malditas.
Ahí en las tiendas de la Polvareda se vendían escobas, recogedores, sacudidores, plumeros y aspiradoras; también paliacates y anteojos, pues los labradores siempre andaban embozados y con lentes.
Pero el polvo también está en el cosmos, en el espacio sideral, en la cola de los cometas y absolutamente en todos lados, ¿Es suciedad? ¿Es mugre? Es alimento de los ácaros, esos  diminutos y horripilantes monstruos que nos rodean por todas partes y que  lo devoran con frenesí.
Es horrible el polvo piensan las afanadoras, lo detesto gritan las amas de casa, ojalá no hubiera reclaman al cielo las enfermeras, no sirve para nada protestan los soldados, es detestable afirman las señoras, en eso te vas a convertir advierten los sacerdotes; pero el polvo es indispensable, sin él no habría vida, el suelo estaría empobrecido, sin nutrientes;  si el planeta estuviera completamente limpio, sería entonces muy caluroso y húmedo. Sin el polvo, el vapor de agua no comenzaría a condensarse, no habría nubes,  ya que el vapor de agua se adhiere a las superficies del polvo, cuyo tamaño individual es de menos de 500 milésimas de milímetro, sin polvo no existiríamos.


MEFISTÓFELES

MEFISTÓFELES

El peso entero del mundo parecía caer en sus espaldas, se daba cuenta que después que sus pensamientos recorrían la bóveda celeste, se cristalizaban en hechos.
Así se atrevía a imaginar toda clase de locuras que se concretaban en desgracias, ridiculeces o epopeyas. Al paso de los siglos, de pronto el tiempo se detuvo abrupto y empezó su vertiginosa caída para regresar a pasos agigantados sobre sus huellas.
Los días retrocedían, el sábado se hizo viernes, luego saltó el tiempo a jueves, siguió el miércoles.
Hoy nuevamente es martes, el mismo de la semana pasada y así siguieron regresando las manecillas de cronos.
Bajó el telón de la historia, la verdad salió a la luz, todo fue cierto, lo que la duda sospechaba se aclaró, nos quedamos ¡perplejos! Los dioses nos miraban asombrados ante nuestra desnudez, estábamos ardiendo, pecando, impúdicos, erotizados, desvergonzados inquietos, excitados.
Con el desconcierto  ante el rubor de las deidades, nos tapamos con lo que pudimos, con hojas, con las manos, con ramas cubrimos nuestras culpas, así  encogidos, agachados, perfilados vomitamos.
Los dioses huyeron escandalizados, se fueron en tropel, siguiendo los séquitos de ángeles y arcángeles que en estampida remontaban el firmamento sonrojados.
Nos quedamos solos y desconsolados cuando el tiempo dejó de regresar y se detuvo, ahí permaneció inmóvil por un instante eterno; fue entonces cuando nos volteamos a ver ¡estábamos tan indefensos! Nos dimos cuenta que un ángel renegado había quedado entre nosotros, un desertor de la corte celestial nos observaba extasiado, Mefistófeles, el ángel malo, el demonio en persona.  No nos quitaba el ojo de encima, no estábamos solos, él no nos había abandonado.
Nunca se habían cansado de hablar mal de él, le habían embarrado toda clase de injurias, lo habían denostado hasta el cansancio, era el enemigo perverso, la infamia personificada según los cánones religiosos, habían hecho recorrer por el mundo pésima reputación y mala fama de aquel ángel rebelde, toda clase de defectos le habían colgado, se había salido del guacal como nosotros, que fuimos expulsados del paraíso por sensuales.
Por eso se ocultó, callado, discreto, lo buscaban para aniquilarlo, pero subsiste en las sombras, en la clandestinidad, es nuestro único y verdadero aliado. 
El tiempo volvió a avanzar, los días se sucedieron adelante, los dioses ya no regresaron, así estamos más a gusto sin ellos, Mefistófeles nos entiende, es un pecador, un vividor sin esperanza de salvación, como nosotros, un condenado.       

LA BARDA



LA BARDA

-¿Qué crees Lupe?- ¿Qué Juan? –
-Buenas noticias, por fin vemos luz en el horizonte, vamos a tener harta chamba para el fin de año y el año que entra, resulta que el maestro Jacinto consiguió un contrato con el Ing. Molina; dice que empezaremos la obra en unos 3 ó 4 meses-
-¡Bendito sea dios! y ¿dónde va a ser la edificación Juan?- 
- En la frontera, para allá nos van a llevar, ya la hicimos, al menos por unos meses, mientras dura el levantamiento, parece que los estudios y los planos ya están listos, solo hay que esperar unos meses, voy de capataz.-
-¡Ay! Juan, ha de haber sido porque nos encomendamos a la Santa Virgencita de Talpa y las mandas, veladoras y rezos que le dedicamos en la última peregrinación y así nos complace.-
-No quepo de alegría Lupe, estoy bien emocionado, solo es cosa de aguantar el hambre hasta fin de año y después a empezar a trazar y empezar los cimientos, por lo pronto nos dieron un tramo de 300 metros, ellos miden por yardas y pies, pero ya me dijo Jacinto que equivalen como a eso-
-¿Qué tan grande será Juan?- Como de 5 metros de altura y bien anchota con trabes, castillos y puro concreto, para que dure, de largo no sabemos cuánto, otros compas empezarán en otras locaciones, pero al finalizar todo quedará ensamblado, dice mi compadre Jacinto que a lo mejor si terminamos con bien este tramo, pos nos dan otro cacho, ¡ojalá y dios así lo quiera!-
-Ya ves como si hay desarrollo y creación de empleo hasta en la crisis, si este gobierno no es tan malo, fomenta el progreso y la prosperidad. ¿Cómo cuanta gente irá para la frontera?-

-Pues nosotros somos como cuarenta albañiles, todavía no han firmado el contrato, pero ya le prometieron a Jacinto que el jale es casi seguro-       

DESADAPTADO


DESADAPTADO

Cuando se enfrentó al mundo en el despertar de su conciencia, descubrió que no cabía, que constantemente chocaba con las costumbres de sus semejantes, que opinaba opuestamente a los criterios imperantes en el medio.
Aquello de lo que lo que los otros se enorgullecían, a él le apenaba; lo que a él  producía júbilo, a los demás les avergonzaba. El mundo al revés de su gusto; cuando ellos reían, él entristecía; no se hallaba, no se integraba, sufría mientras los demás gozaban con el mismo evento, cuando ellos estaban llenos de certeza a él le embargaba las duda, lo que la mayoría aceptaba como cosa normal a él lo inconformaba, lo que presumían le turbaba. 
Le enojaba el jolgorio grotesco y burlón de los bufones del poder, las verdades que para todos eran evidentes, para él eran pamplinas; remaba contra corriente. Lo que aplaudían le parecía ridículo, los héroes a los que rendían culto, para él eran basura, sus valores eran hipocresía, sus metas frivolidades, sus anhelos necedades.
Decían que siempre llevaba la contra, que era un amargado, que nunca estaba de acuerdo con lo establecido ni con los candidatos elegidos para gobernar por la gran mayoría, que era partidario de la derrota, que todo el tiempo apoyaba al perdedor y él pensaba que el verdadero perdedor invariablemente era el pueblo.
Por eso lo rechazaban, por eso lo ninguneaban, le cerraban las puertas, le negaban la mano, lo tildaban de comunistoide trasnochado, de hereje consumado, de resentido social.  
Era escéptico, no creía en las campañas, ni en las promesas, ni en la propaganda, ni en los slogans publicitarios, ni en la salvación, ni en la política, ni en la religión, ni en los gobiernos, ni en el crecimiento y desarrollo económico; la educación le parecía inútil y hasta perjudicial, todo le era banal.      
Más tarde se dio cuenta que no era el único, que no estaba solo en esa contracorriente, que había muchos que comulgaban con sus mismas ideas, que bastante gente compartía sus mismos pensamientos. Quizá no estaba equivocado, tal vez estaba en lo cierto y tenía razón. El tiempo lo diría.