domingo, 11 de octubre de 2020

ETAPAS

 

ETAPAS

Hay épocas de mi vida que quisiera expandir, hacerlas enormes, tan eternas como fuera posible, deleites que escurrieron incontenibles como miel que endulzó aquellos dorados días donde lo único que transpiraba era el amor.

Pero se fueron como meteoros fugaces, se me atragantaron en el fondo de un tiempo que huyó a pesar de mis garras que inútilmente intentaban detenerlo.

En silencio se escabulleron, cuando menos acordé ya no estaban más, los quise encontrar dentro, pero n o estaban, se los llevó el destino al infierno o al cielo, no lo sé, pero lejos donde no pude saberlo.

También hubo otros momentos que más valía para siempre borrar; no obstante de vez en cuando reaparecían, se hacían presentes, amenazando con irrumpir mi olvido, llegaban como fantasmas haciendo muecas obscenas e incestuosas, dando maromas demoniacas, ofendiendo mi serenidad, provocando mi tristeza, vengándose de nunca supe qué.

Se fueron todas, ahora brillan por su ausencia, se estrellaron en los recodos del infinito, allá por donde caen los rayos en la tormenta, donde ni el negro rencor ni la divina esperanza se reconocen.

LA VERDAD ESCONDIDA

 

LA VERDAD ESCONDIDA

Aquel que dice saber, quiere el resultado, desea que sean las cosas como le parece, tan fácil como afirmar que la claridad está ahí revelada.

Pregunto a cada uno lo que piensa, qué es lo que pasa, un tumulto de preguntas se aglomeran intentando indagar los resultados de una búsqueda infructuosa.

Transcurre el tiempo montado en los ciclos cósmicos y ocurren sismos y meteoros, tsunamis y erupciones volcánicas, exterminios y renacimientos de nuevas eras, los periodos se van eslabonando en una evolución que retrocede temblorosa a cada paso.

Se extinguen especímenes dominantes para dar paso a otros más endebles, pero más acomodaticios que se adaptan a los nuevos fuegos que corren como lava bajo la tierra como escombros resurgentes.

Recientes teorías emergen de la ceniza olvidada y humeante de lo que quedó del último desastre que no acaba de terminar, aún se oyen los lamentos de los que quisieron sobrevivir en una existencia herida, sangrante, purulenta que no se resigna a su obsoletismo.

¿Quién sabe algo?, una mínima gota siquiera de certeza, después del engaño brutal de la existencia de una conciencia, que no llegó siquiera, a respirar un grano de verdad.

LA VIDA

 

LA VIDA

Pareciera que todo vuelve, que el tiempo es circular, que los días son los mismos, que se estancaron las semanas, que la monotonía es imperturbable, que nada hay nuevo bajo el sol, que todo sigue exactamente igual.

Pareciera que las etapas se suceden en automático, que una detrás de la otra en orden repetitivo, sale el sol y luego se oculta de manera cadenciosa e imperturbable, como una rueda que gira y gira, como una esfera que da vueltas y vueltas para recuperar su posición sin alterarse.

Vueltas y vueltas al redondel enfadoso de un despertar tras otro, de un acostarse y dormir eterno e intermitente, sin pausas ni descanso, un tedio que se sostiene, que se queda, que se estanca con una lentitud desesperante.

Pero al cabo de los muchos atardeceres, algo insólito ha ocurrido sin darnos cuenta, hubo mutaciones, hubo cambios, hubo transformaciones, la entrada quedó allá en lontananza, en el comienzo de una vida que transcurrió inadvertida para quien la disfruta y la padece.

Allá quedó la niñez, desapareció la inocencia infantil,  para dejar lugar a la atrevida pubertad, que después se doblega al ante el rayo de la indómita juventud, que centellea como un látigo en la bruma, sin darse cuenta que se agota, con la entrada de la madurez que pisa fuerte sin voltear hasta que topa con la vejez, que al fin de la cumbre canta y llora a la vida que se escapara mañana.

ELLAS Y ELLOS

 

ELLAS Y ELLOS

La igualdad entre mujeres y hombres, igualdad en todo lo maravilloso y positivo, en lo amoroso, en lo grandioso, en la nobleza del alma y en la generosidad.

Igualdad en la ternura, en la gentileza, en la calidad de sentimientos; igualdad en las virtudes, en la entereza, en la entrega, en el altruismo, en la templanza, en la prudencia, en la paciencia y en la tolerancia; igualdad en el ingenio, en la honestidad, en la sinceridad, en la humildad, en la congruencia y en la integridad.

Pero la igualdad de mujeres y hombres en lo abusivos, en lo traicioneros, en lo falsos, en lo tramposos, en lo chismosos y argüenderos; la igualdad en lo léperos y pendencieros, en lo estúpidos y viles, en lo necio e incongruentes, en lo cobardes y rencorosos; no es aconsejable.

Cada sexo tiene peculiaridades muy especiales que les distinguen por su propia naturaleza, dejemos pues que ambos tiendan a ser virtuosos, a que lo que lo mejor de cada sexo se exprese y que ambos sean iguales solo en lo óptimo del ser humano.

lunes, 7 de septiembre de 2020

EL MAR


EL MAR

En medio de la tempestad, buscando la playa, un sitio seguro donde guarecerse, donde esconderse de esta enorme tormenta y en ascenso; bajo los truenos y las cataratas venidas del cielo, nos hallamos zozobrando entre las crestas de las olas que revientan sin misericordia sobre nuestra endeble embarcación, un navío improvisado, que más parece una balsa incapaz de resistir estas aguas que abren sus fauces para devorarnos cada instante. Un relámpago ilumina lontananza, allá a lo lejos unas palmeras sacuden sus cabelleras que inclinadas besan la arena, el dios Poseidón enfurecido agita sus brazos a todo lo ancho del mar y nosotros como una cascara de nuez partida, nos sumergimos en sus profundidades casi desahuciados.

Pedir a Neptuno, implorar la intervención de los dioses celtas o del dios vikingo Odín o hasta a Tláloc, rezarle al terror de Jehová, para que nos salven de este diluvio, es lo único que nos queda.

Debe haber una esperanza, una siquiera que nos conduzca y allá vamos disparados por los aires en un profundo soplo de Poseidón, ahora estamos volando en las negras alturas de la noche, ahogándonos de oscuridad y de temor y de océano empapados.

Pero hemos milagrosamente llegado a la playa, los restos de la balsa hechos añicos rebotan a nuestro rededor, pero sanos y salvos, nos vomitó el mar.

   

domingo, 6 de septiembre de 2020

BATALLA MENTAL

 

BATALLA MENTAL

Le daban desconfianza sus pensamientos, quisiera poder controlarlos a su antojo y conveniencia, pero súbitamente se le dejaban venir como una incontenible cascada ante la cual quedaba perplejo.

A veces sus pensamientos eran una delicia para su espíritu, se regodeaba horas enteras  en ellos, los disfrutaba enormemente en aquellas tardes de sosiego, así permanecía retraído gozando esas imágenes exquisitas, aquellas ideas majestuosas y espectaculares.

Otras vece sus pensamientos se retorcían a tal grado de sentir vergüenza de sí mismo. ¿Cómo soy capaz de proponerme semejante aberración? Se preguntaba y así podían seguir escenas de escándalo que podrían hacer ruborizar hasta a la ramera más depravada, eventos repugnantes que le hacían pecar en lo más bajo y  sentirse como el más miserable y degenerado de los mortales; quedaba atrapado en esa vorágine tanto tiempo, que le parecían siglos, antes de apagarse esas funciones de ignominia.

Ya cansado cerraba su voluntad y dejaba que todo permeara a su consciencia, sentía la culpa, hubiera querido desahogarse y confesar aquellas grotescas pesadillas y pedirse perdón por tales atrevimientos.

Luego, todo cesaba y volvía a la calma, los pensamientos reconfortantes resurgían y se daba las gracias con una sonrisa.

LAS CULPAS

 

LAS CULPAS

Responsabilizar de nuestras penurias y desgracias a otros es un hábito generalizado desde mucho tiempo atrás; Los Protocolos de los Sabios de Sión son un ejemplo de esto; los Illuminati, el Club Bilderberg, los Skull & Bones, los famosos Masones, la Iglesia Católica con sus numerosas facciones como los Jesuitas, el Opus Dei, el Yunque y cantidad de otras organizaciones sospechosas de fraguar en sus entrañas la esclavitud y el sometimiento de la humanidad completa.

Culpar a una conspiración subterránea de alienígenas reptilianos, extraterrestres que habitan en recónditos escondrijos y montañas de la Antártida; total, es como señalar y acusar a cierto tipo de personajes que generación tras generación se han heredado el derecho de sojuzgar al ser humano en beneficio de sus egoístas intereses.

Alguien tiene que ser el causante de plagas, pandemias, pestes y cataclismos por todo el mundo, desde remotos tiempos.

Los chivos expiatorios abundan, si no éste, aquél; cualquiera menos nosotros, rechazamos toda responsabilidad sobre nuestras espaldas, apuntamos a la mala suerte, al infortunio, a la fatalidad; el plan es sacudir nuestros errores y nuestras faltas, sin hacer una retrospección, un vernos sin prejuicio en el espejo y descubrir ahí los defectos que siempre nos ocultamos, bajo el velo de la inocencia, para poder lamentarnos.

Pero solo desprendiéndonos de esa máscara, veremos al héroe que todos llevamos muy adentro.