martes, 11 de agosto de 2015

LA POBREZA



LA POBREZA

La cantidad de pobres sigue en aumento en este patético país, la pobreza es vista en algunos círculos como una terrible  y peligrosa enfermedad  contra la que hay que vacunarse, haciendo hasta lo imposible para no caer en esta especie de epidemia que en México, va ganando terreno día con día.

Pero la pobreza es generada, fomentada y estimulada por el sistema económico en complicidad con la clase política que se nutre de poder gracias a ella. Para el sistema económico es conveniente tener una enorme oferta de mano de obra, así los salarios se mantendrán muy bajos, rosando el nivel mínimo de subsistencia.  Con una baja demanda de trabajadores gracias a la automatización, se logra tener excelentes utilidades para los accionistas de las empresas.  

La pobreza brinda muchos beneficios al sistema político que llaman: “Democracia” pues las personas en estado de pauperización, no tienen como llevar alimento a su familia y entonces se ven en la necesidad de hacer “cualquier” cosa para satisfacer sus más indispensables necesidades, así pueden ser fácilmente reclutadas ya sea por las distintas fuerzas armadas gubernamentales, por el crimen organizado o delinquir por cuenta propia.

Al gobierno le preocupa en gran medida la opinión pública, especialmente la internacional, por lo que debe guardar las apariencias de tener un régimen político que aparente democracia, para lo cual surte a las clases marginadas de flamantes credenciales de última generación con fotografía para votar, en cada campaña electoral, comprando su voluntad ya sea con monedero electrónico, canastas alimenticias,  bultos de cemento, láminas o en efectivo; con esto será suficiente para el periódico acarreo, donde los candidatos desfilarán en las comunidades recibiendo aplausos, confeti, serpentinas y flores.     

La pobreza conviene a los partidos políticos,  así reúnen el voto duro tan necesario para comprobar  favorables resultados o conservar su registro y así gozar del benéfico presupuesto para sus dirigentes.  A la pobreza va unida la ignorancia, la desnutrición, la enfermedad, la exposición a las inclemencias del tiempo, el vicio, la vagancia, la emigración, el crimen, el rompimiento del núcleo familiar, la desesperanza, el abandono y hasta el suicidio.

Los gobiernos dicen combatir la pobreza, los discursos están llenos de buenas intenciones para acabar con este flagelo, pero en los hechos reales la fomentan, sin ser capaces de reconocerlo, aunque las cifras hablan. 
Gritan a voz en cuello que gracias a las reformas impulsadas por la federación, se van a generar millones de empleos de clase mundial, pero de facto las empresas trasnacionales que llegan a instalarse en nuestro territorio, gozan de toda clase de facilidades fiscales, laborales y jurídicas y los empleos que ofrecen son pocos y los de más baja categoría en la industria.

Los negocios que más trabajadores emplean son los pequeños y medianos, mismos que apenas sobreviven en los mercados saturados por las importaciones permitidas por el TLC y susceptibles de ser desplazados por las sucursales de las grandes empresas internacionales.  El aumento del producto interno bruto (PIB) no abate la pobreza, como apuntan los voceros oficiales del sistema, los beneficios del incremento de este índice, van directo a los bolsillos de quienes ya tienen de sobra, la creación bruta de riqueza regresa al capital, dejando solo migajas en su camino.

La función del estado tiene que ser equilibrar estos pesos, estas fuerzas tan asimétricas, en las que la inercia económica por gravedad fortalece más al fuerte y debilita más al endeble. Para conseguir una mejor distribución del ingreso y una mejora sustancial en la calidad de vida de más de cincuenta millones de mexicanos, tenemos que incidir en varios frentes simultánea e inmediatamente: Crear una cultura de respeto a la justicia, ir seriamente contra la impunidad y la corrupción que nos ahoga desde la cúspide del poder, nivelar las cargas fiscales, gravando en saludable proporción las enormes utilidades de las grandes empresas, fomentar la creación de pequeños talleres familiares para la fabricación de artículos de uso interno y protegerlos de las importaciones, estimular la agricultura familiar con huertos e invernaderos productores de vegetales, verduras y frutas. Generar campañas y dar apoyos para la producción de alimentos para la población más marginada, impedir que se sigan destruyendo los activos del país en aras de beneficiar a las inversiones extranjeras;  educar, capacitar y entrenar a las clases más desprotegidas en actividades productivas viables, para que logren satisfacer sus más urgentes necesidades. 

Si la democracia es el gobierno de las mayorías y la mayoría de mexicanos está en pobreza extrema, son los pobres quienes tendrán que ser la fuerza política de México y no los archimillonarios, quienes hasta hoy han sido los únicos beneficiarios del sistema.                



HOMOLOGANDO



HOMOLOGANDO

-Hay que ser como los demás esperan que seas, hay que cumplir con las expectativas de la sociedad a la que te debes – Así le aconsejaban – Tienes que complacer, con tu comportamiento a tus superiores, no te pases de la raya marcada, no excedas los límites establecidos por aquellos que no son otra cosa que reflejo de los dictadores de más allá de las fronteras, haz siempre lo que ellos quieren y así te evitarás problemas-.

-Todos bien portados, nada de inconformidades, ni críticas, ni protestas, ni reclamos, ni paros, ni huelgas, ni nada ¿Qué les cuesta? y entonces serán ciudadanos ejemplares, no esa chusma de anarquistas revoltosos. Comportándose bien, serán agraciados con públicos reconocimientos y hasta con diplomas, que les acrediten como ciudadanos del mes-.

Jamás intenten levantar la voz a las autoridades, si hay algo que no les agrade, para eso están las lágrimas, para eso existen los sollozos y los pucheros, para eso hay clínex y pañuelos; no hay más bello que ver a un ciudadano aguantando todo como un hombre, resistiendo estoicamente el hambre, la intemperie, las enfermedades y la miseria.

En la otra vida se te recompensará, ya lo verás, se premiará tu fe y tu beatitud, allá gozarás en compañía del Señor de las alabanzas y salmos entonados por un coro de ángeles, en medio de arpas, trompetas y nubes de algodón; eso siempre y cuando mueras confesado de tus malos pensamientos.

No quieras ser tú, arranca de tus planes todo deseo de rebelión, somete tus anhelos libertarios a las autoridades, sepulta tus ansias de autonomía, no quieras juzgar por ti mismo, para eso están los tribunales, agacha la cabeza y no la levantes en tanto no se te lo ordene; así, de esta forma, nunca te arrepentirás de haber caminado por la línea recta, marcada por tus jerarcas.

No te quieras desprender del montón, está siempre atento a las indicaciones superiores, tú no eres nadie para tomar decisiones ni directrices ni siquiera de tu miserable vida, prende la televisión y entrégate sin oponer resistencia, verás como todo se te facilita, haz sin chistar lo que se te dicta, ese es todo el secreto de la mediocridad a la que tenemos que aspirar y está al alcance de la mano.        

  
 

LA EDUCACIÓN



EDUCACIÓN

La educación tiene diversas caras, dependiendo del punto de vista: Para el sistema  (producto de las fuerzas económico- políticas en marcha)  es la manera de diseñar a los hombres que el futuro necesita para continuar medrando, para acentuar las condiciones que han favorecido al poder, mismo que requiere: personas dóciles, manipulables, domadas, domesticadas y resignadas; en otras palabras: obedientes y robotizadas.

Para los alumnos, tanto niños como adolescentes la escuela es un castigo, basta observar sus caras de enfado sobre los pupitres de los salones de clase y  su resistencia y repudio a las instituciones al acabar las vacaciones, para los maestros no es mejor; la escuela es una especie de prisión a la que se ven recluidos la mayor parte de su tiempo, ahí son sometidos a tediosas imposiciones, a ser reprimidos en sus más claras espontaneidades, ahí se encargan de inhibir su creatividad, ahí se destruye su ingenio.

 Se les domestica para servir al sistema político económico que habrá de absorberlos y exprimirlos cuando cumplan los requisitos exigidos en su reclutamiento y selección. Sin escatimar crueldad, la reforma propone escuelas de “tiempo completo” es decir, más horas de represión, dentro de los recintos escolares,  más tiempo a su condena.

Los maestros están en una encrucijada, algunos hay a favor del tradicional sistema represor que premia y castiga al alumno, dependiendo de su docilidad; los hay también con ideas pedagógicas avanzadas que permiten que la propia y natural curiosidad del alumno se despliegue, que fomentan con inteligentes técnicas, que el pupilo encuentre su propia preferencia en las materias de su genuino interés. Pero aquí se da la disidencia magisterial, el gobierno quiere engranes para la maquinaria productiva  y no sujetos críticos y pensantes, por ello la insidiosa reforma.  

Es absurdo pretender homogeneizar al alumnado, querer estandarizarlo, ya que cada individuo es único y sus capacidades son singulares.  La reforma que necesita la educación tiene que ser hecha con la participación activa del alumno como vector central, nunca diseñada desde el escritorio político de la burocracia inepta por antonomasia, se debe descartar la memorización mecánica y ser substituida por la reflexión y curiosidad natural del niño, hacer de la estancia en las aulas una experiencia divertida e interesante para cada pupilo, el maestro un guía que oriente a que el alumno, por sí mismo, encuentre respuestas a sus propias interrogantes.

La reforma tiene que descartar la competencia entre los niños y ser sustituida por la cooperación entre ellos, buscar que cada alumno descubra sus potencialidades y facilitar que las desarrolle.

Pero el subsistema operado por títeres que fueron a su vez educados represivamente, es incapaz de abrirse a nuevas y frescas opciones, los políticos encargados de la educación son marionetas sumisas manejadas por los hilos del poder, que necesita para perpetuarse, máquinas humanas que trabajen y consuman en resignado silencio.              

LAS COSAS



LAS  COSAS

Parecía que todo se confabulaba en su contra, a veces hasta él mismo formaba parte del complot, era como si los objetos inanimados conspiraran conforme a un diabólico plan para sacarlo de sus casillas, haciéndole  de cuadritos la vida.

Si no eran los frascos que de sus manos resbalaban para hacerse añicos en el piso, eran los cordeles anudados tan fuertemente que le era imposible desatarlos, o la pata de la silla que se incrustaba entre sus dedos descalzos, o cuando tiraba  accidentalmente la olla repleta de caldo en la cocina.

Clavando se martillaba un dedo, cosiendo se encajaba la aguja, prendiendo la lumbre se quemaba la mano, tropezaba con su pie y caía de bruces, sin querer derramaba los contenidos de agua, leche, jugos y líquidos en general con el consecuente quebradero de vasos, platos y jarrones.

Decidió no volverse a espantar las moscas que continuamente revoloteaban a su rededor por temor a romper mesas, cortinas y cristales; a los mosquitos dejó de combatirlos cuando le zumbaban entre las orejas, pues tratando de aplastarlos en su cara, ya presentaba horrendos moretones de tanta cachetada.
 
Luego llegaba ese viento repentino que soplaba elevando por los aires todos sus papeles, hasta hacerlos desaparecer tras la barda de su pobre casa, la escalera se tambaleaba cuando en último peldaño se balanceaba incierto y allá iba a dar contra las aristas y las lozas de cantera para abrirse las carnes.

Por más que despotricaba e insultaba soezmente a las cosas, éstas permanecían indiferentes a sus ofensas, silenciosas seguían haciendo de las suyas, para hacerle imposible la vida. En sus adentros se preguntaba si era verdaderamente torpe o simplemente distraído, porque sus movimientos parecieran deliberadamente descoordinados, se metía el pie como si fuese una broma macabra, las zancadillas eran constantes.

Las cosas parecían burlarse, las asía frenético con sus dedos y escapaban, saltaban, se rompían con estruendo, lo que tocaba podía quebrarse, se desplazaba con tiento, de puntitas para no enojarlas y pasar desapercibido.

El carbón grafo de su lápiz se quebraba, al sacarle punta le salía sangre de las yemas, a la pluma se le escurría la tinta, el radio no sintonizaba, la estufa no prendía, la llave no abría, el tinaco se desparramaba, la manguera se tapaba, el polvo -no solo todo lo cubría sino que - se incrustaba en las entrañas de los delicados mecanismos de sus aparatos, su casa se desmoronaba a cachos.

Las cortinas se desprendían, los mosquiteros cargados de tierra ensombrecían los aposentos, las paredes se descarapelaban, la computadora infectada por tanto virus no respondía mas que con pausas eternas y él en su afán de reparar, todo lo dejaba inservible.

Decidió internarse en un manicomio, ahí acabó con el laboratorio, rompió probetas, matraces, estufas, microscopios, básculas, centrífugas, espectrofotómetros y  baños maría; hasta que aquí lo amarraron, míralo allá está, es el que tiene la camisa de fuerza, solo así está en paz.            

LA PROPIEDAD



Alrededor de la propiedad ha girado la historia humana, si bien los seres animados al ocupar un lugar en el espacio, naturalmente construyen y se adueñan de sus nidos, madrigueras o cuevas para radicar y establecer sus dominios; el hombre ha exagerado este prurito natural a grados enfermizos.

Los felinos marcan su territorio con sus orines, los insectos perforan cavidades donde resguardan sus crías, las arañas tejen sus telas para atrapar a sus presas, de lo que se concluye que la propiedad es inherente a gran cantidad de las especies no ambulatorias.

Así desde los orígenes del hombre, nuestros ancestros, una vez que dejaron el nomadismo, se asentaron en tierras propicias para la agricultura, cerca de manantiales, ríos y lagos para establecer sus predios y proteger sus familias, de lo que se deduce que la propiedad es un fenómeno natural. 

Históricamente los primeros en llegar a esos lugares adecuados para la vida sedentaria, se consideran los dueños de esas tierras y defenderán su derecho a permanecer en ellos con todos los recursos a su disposición, quienes intenten arrebatarles su propiedad, se toparán con la resistencia concomitante.   

El producto del esfuerzo creativo, del diseño adecuado para satisfacer sus  necesidades, el resultado de la construcción de un instrumento de caza, de labranza o de cualquier otra índole, legitima el derecho de la propiedad.

El heterogéneo desarrollo de las diversas civilizaciones presenta un disímbolo mapa de avances, mientras unos grupos humanos arcaicos llegaron al descubrimiento y dominio del fuego, al descubrimiento y el manejo de los metales, la rueda, la agricultura y la ganadería; otros grupos humanos caminaban a un ritmo más lento, se encontraban rezagados frente a quienes iban a la vanguardia.  Esta disparidad generó el abuso, la conquista y el arrebato de los pueblos adelantados sobre aquellos que venían a la zaga, impotentes para defender sus derechos.

Ni los indígenas americanos ni los asiáticos ni los africanos fueron respetados en sus respectivas propiedades, carecían de la venia catastral de los imperios que los conquistaron.  A espada y fuego les arrebataron sus legendarios dominios por mandato del monarca extranjero que, ahora se enseñoreaba de las tierras del nuevo mundo, al que condenaron a ser saqueado con la bendición cristiana.

Giran así en torno a la propiedad los reinados, los imperios, los principados, los ducados, las monarquías, las dinastías, las herencias; también los robos, los asaltos y las acciones de los piratas; todas las expediciones, los descubrimientos de nuevos continentes, las conquistas y los estados. La injusticia frecuentemente ha ido acompañando estas transacciones que mucho llevan de guerra y abuso del fuerte contra el débil.

Asentado así la natural legitimidad de la propiedad por parte de quien la ha construido con su esfuerzo, se hace necesario deslindar el concepto de aquella propiedad que es arrancada por la fuerza de sus auténticos dueños y aquella que a través de una transacción comercial acordada, pasa de mano a mano.

El problema surge cuando la propiedad es acumulada en grandes proporciones por un agente que la detenta y en la existencia de enormes mayorías que solo poseen las garras que llevan puestas; la propiedad para quienes están en el primer caso es más que sagrada y su solo cuestionamiento representa una blasfemia; lo aberrante y curioso es que el mismo apego siente quien solo posee un anafre, una choza o dos gallinas.

La propiedad privada no debe confundirse entre quienes acumulan grandes fortunas en bienes raíces, acciones bursátiles, metales preciosos y joyas etc. y quienes poseen un departamento de interés social que pagarán en treinta años;  no obstante ambos defenderán con todo su propiedad privada. Por esta razón se facilita en gran manera rechazar a priori cualquier alusión al socialismo y más todavía a la abolición de la propiedad privada, sin importar la magnitud de referencia; engañados los desposeídos aplauden la riqueza, soñando que alguna vez la logren, ahí se les va la vida, la salud y la envidia.

El contar con propiedades supone la diferencia contra quien vive en las calles deambulando o pagando renta en un cuartucho de azotea. Nuestra sociedad se finca en el “tener”, la mayoría de los delitos, los fraudes, el crimen, la corrupción, la política de los negocios y los negocios de la política tan de moda, la plutocracia, los robos, las estafas, el tráfico de personas y de enervantes, se  cometen por la tenencia de propiedades, sean estas muebles, inmuebles, dinero y objetos en general.

Tienes, luego existes; el pobre quiere tener propiedades, el rico quiere más, jamás se sacia. Hoy en día se hace más necesario que nunca deslindar el significado de propiedad, una cosa es un comal y otra un imperio industrial, financiero o de telecomunicaciones.  La injusticia social descansa en la propiedad del capital.